Diálogo entre Pianos: Diana Lopszyc y Alberto Bohbouth en el Ciclo de Conciertos Comentados de MusicarteXXI

Ayer, miércoles 8 de agosto a las 20hs, se llevó a cabo el segundo encuentro del ciclo de  conciertos comentados en el Auditorio  Francis Poulenc de MusicarteXXI, con la presentación del consagrado dúo de pianistas integrado por Diana Lopszyc y Alberto Bohbouth. El dúo, que colabora desde  2008, interpretó cinco piezas ante un auditorio que asistió a la cita a pesar de la lluvia y que contó con la presencia del Maestro José Luis Juri, quien fuera maestro de Bohbouth por nueve años.

Entre las piezas  elegidas estuvieron Suite de “El Amor  Brujo”, de Manuel de Falla (con transcripción de Mariano Kosier  Blanco); dos obras de autores argentinos: “Bailecito” de  Carlos Guastavino  y “Payada”, de Ángel Lasala; y los clásicos de Maurice  Ravel, “La Valse” y “Danzas Sinfónicas.  Op.45”, de Sergei Rachmaninov, su última obra antes de morir y para muchos la mejor de su carrera. Cada una de estas fue comentada por los intérpretes en un ámbito íntimo donde los concurrentes pudieron no solo apreciar la música sino también aprender de su historia, su mensaje y los detalles que celosamente guardan para sí quienes conocen los secretos de la obra –ahora revelados gracias a esta iniciativa  de MusicarteXXI.

Luego del concierto, y ya detrás de escena, los intérpretes hablaron de su experiencia en esta entrevista donde comparten su pasión por la música, sus inicios y su mensaje para los que se inician en el camino del arte y la música.

  • Ustedes empezaron a tocar juntos en 2008, ¿Cómo fue que se juntaron?

D: ¡Nos juntaron! El Maestro José Luis Juri tenía previsto tocar un concierto para dos pianos y orquesta junto con Alberto, quien había recién llegado de Israel, pero a Juri le salió un concierto en  Perú y necesitaba conseguir un reemplazo.

A: Yo viví 20 años fuera de  Argentina y cuando llegué en enero de 2008 surgió esta propuesta que era muy interesante. Ante el concierto en Perú, y al  no poder tocar él, comienza a buscar un reemplazo y ese reemplazo resultó ser Diana.

D: Yo había llegado recién de las vacaciones y surgió esta gran oportunidad. Teníamos muy poco tiempo de ensayo, en un mes teníamos que estar tocando con la orquesta. Nosotros no conocíamos la obra, no nos conocíamos nosotros. Todo paso muy rápido. Cuando nos pusimos a ensayar enseguida hubo química.

  • ¿Cómo es trabajar en equipo y “hablar” a través del piano?

A: Tocar a dúo o en conjunto es muy distinto a tocar solos. Cuando volví de Israel tenía menos experiencia tocando música de cámara que Diana, quien ya había participado en dúos. Por nuestra formación -Diana y yo damos clases hace muchos años- los dos pudimos aprender el uno del otro. Nosotros enseguida nos entendimos pero la relación se fue forjando en el tiempo, aunque todo arranca con la química. (Diana recuerda divertida: “Si, es verdad, cuando terminamos ese primer concierto nos preguntaban hace cuanto tocábamos juntos y ¡nos daba vergüenza decir que solo hacia  un mes!)

D: La primera obra que trabajamos como un dúo fue la última que tocamos hoy –Danzas Sinfónicas de Rachmaninov-,  que es  una obra muy difícil, con mucha profundidad y que generalmente se toca cuando ya se tiene un camino transitado. Requiere mucho trabajo técnico, de pensar, de interpretación, comunicación visual conceptualización y gestualidad. Teníamos que reconciliar posturas de cada uno.

A: Porque los dos  somos diferentes, cada uno le  aporta al otro constantemente.

D: Claro, la idea es buscar  “la excelencia en la diversidad” 

  • ¿Es difícil tocar a dúo?

D: Para  todos los que quieran hacer  dúo de piano, algo que es muy difícil porque el piano es algo muy solitario, muy del “yo”, lo primero que tienen que entender  es que hay que compartir  y no competir, trascender y no enfrentar. La mutua suma, la admiración del uno al otro es uno de los ingredientes que mantienen viva la llama del progreso en la música y el arte.

A: Si no te desprendes del ego, perdiste.

D: Se trata  de ser  dos pianistas, no dos medios pianistas, que se juntan para formar una unidad para trascender la suma de sus partes, para crear algo más. Los pianistas encastran como el ying y el yang, como la cola de los dos pianos sobre el escenario; se complementan.

  • ¿Cómo le dan forma a las obras desde su lugar de intérpretes?

D: La idea es dar y realizar un discurso consecuente para poder transmitir. Por ejemplo en la obra de Ravel, el autor cuenta una historia, la caída del imperio austro húngaro, y cuando uno cae, cae como puede; en esa falta de elegancia donde uno cae el autor lleva la obra hacia el atonalismo. Hay que buscarle  un sentido, y ese es el desafío  del  intérprete.  Nunca  la misma obra sonará igual en dos intérpretes.

A: Es importante siempre tener en cuenta la unidad de la pieza que uno está tocando. Muchas veces con los alumnos vemos que cuando la intepretación de una obra cae es porque se ha perdido de vista la unidad de la misma, la continuidad de la melodia. No se está pensando en lo que viene después.  Es fundamental tener en cuenta los momentos de más pasión pero también los silencios que también son parte de la música.

D: La pasión puede crecer pero la pasión no puede sentir nada que la razón no haya antes  pensado. Es importante pensar la interpretación de las obras.

A: La madurez de la interpretación tiene que ver también con la experiencia de vida, la música, los distintos climas y  los estados emocionales tienen que ver con la naturaleza humana. Cuando uno comprende lo que quiere transmitir logra darle mayor profundidad a la interpretación. Una  cosa que yo le recomiendo siempre a mis alumnos es grabarse, filmarse, verse, estudiarse y ver como se puede mejorar. La  autocrítica es fundamental.

  • ¿A que edad se les despertó el deseo por la música?

D: Mi mamá era profesora de piano, asique yo me crie entre clases de piano. Empecé a “jugar”  cuando tenía 3 años.

A: En mi caso yo no vengo de familia de músicos, yo lo descubrí solo, pero también jugando. Empecé a los  9 años. Cuando veía un teclado me llamaba la atención y me acercaba a tocar. En casa teníamos guardado un órgano antiguo y cuando lo sacamos empecé  a sacar  melodías y me di cuenta que me gustaba. En la escuela también me enseñaban flauta  asique la formación empezó de chico. Mi papá de joven tenía un piano en la casa pero lo vendió, después se arrepintió. Años después, cuando yo empecé  a tocar, salimos a buscar un piano para comprar. Buscamos mucho y  un día, en una de las casas que fuimos a visitar, mi papá reconoció el piano que él había vendido y decidió no irse de ahí sin el. La emoción fue muy grande. El piano había hecho su propio camino y en total estuvo 16 años alejado de la familia hasta que volvió de la mano de mi papá a las mías.

  • ¿Qué consejos le darían a los más chicos que quieran aprender música?

D: Que tengan paciencia, ganas,  pasión y perseverancia.

A: Yo creo que lo puedo resumir con un chiste: Un turista va a Nueva  York y le pregunta a una señora “Sra. ¿Cómo hago para llegar a Carnegie Hall?” a lo que le responde “Practicá, practicá y practicá”. Ese sería mi consejo para los chicos, y grandes, que empiecen a transitar este camino.

Diana y Alberto recogen sus  partituras  y salen del auditorio donde los esperan sus familias, las mismas que tanto tuvieron que ver en el desarrollo temprano de su amor por la música.

Gracias Diana y Alberto por compartir su experiencia con nosotros y por enseñarnos que con paciencia, pasión y perseverancia podemos ser más que la suma de nuestras  partes.

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